La llegada a Netflix de ‘Sky Rojono ha tardado en levantar la polémica. La serie sobre prostitutas a la fuga de Álex Pina y Esther Martínez Lobato, responsables de ‘La casa de Papel’, ha abierto el debate sobre su retrato de la explotación sexual y el machismo imperante en este mundillo, acusando a la ficción de “glamurizar” y de navegar en una mirada masculina perniciosa.

El que surja este debate, independientemente de cómo nos situemos a un lado u otro del mismo, ya es signo de los tiempos: actualmente cada decisión creativa es vista como una manifestación de la ideología política/social de su autor. Aunque esta no sea la intención de sus responsables.

Por poner un ejemplo reciente: más allá de cuestiones de calidad, una de las cosas por las que cayó mal ‘Malcolm & Marie’ entre la crítica es, precisamente, por su discurso anticrítica y antimedios, visto como una perorata de Sam Levinson puesto en los labios de su protagonista. El discurso de Malcolm giraba a lo absurdo de la necesidad de leer/analizar en clave política lo que él había diseñado como simple entretenimiento.

Evidentemente, las series y películas no nacen y se producen (y mueren) en una burbuja aislada de la sociedad. Sean del género que sea, siempre trasciende la época en la que se escribe, la sociedad que impera en el momento de diseñarlo. Incluso cuando lo único que se pretende es realizar un entretenimiento puro y evasivo.

Un entretenimiento de altos vuelos puro Pina

‘Sky Rojo’ está diseñada como eso. Como un entretenimiento de altos vuelos, frenético, con violencia y, en general, con todo lo que nos enganchó del anterior fenómeno global de Pina. Hay que reconocer que su cocreador se ha especializado en este tipo de series “malotas y molonas” en las que no tiene cabida discurso social y se nota.

Y es ese aspecto el que peor recepción causa. Porque al elegir partir del mundo de la trata y de la prostitución los cocreadores están jugando, quizás sin ser del todo conscientes, con fuego. Acusaciones de machismo, de que dulcifica la prostitución y la violencia hacia las mujeres no tardaron en estallar en forma de ríos de tinta digital.

Ya avisó Álex Pina que en esta serie se vería su lado más macarra. El guionista televisivo lleva años abonando ese huerto. Ya con ‘Fuga de cerebros‘ se veía su gusto por lo descerebrado y en el último lustro largo le hemos visto abrazar el género del drama criminal con más o menos violencia y trepidación (‘Vis a Vis‘, ‘La casa de papel’, ‘White Lines‘).

La gran excepción sería ‘El embarcadero‘, que se sitúaba en un terreno más claramente dramático. Pero, narrativamente hablando, nos encontramos con mismas fórmulas y resortes que lleva usando durante estos últimos años.

La abundancia en la mirada masculina

Este viaje hacia adelante, hacia el más impresionante todavía, hace que ‘Sky Rojo’ sea una macarrada con una mirada masculina obvia. Eso sí, la mayor de las ocasiones por pura inherencia al género de acción. Pina y Lobato no se mueven demasiado de los tropos y los directores (Oscar Pedraza, Jesús Colmenar, Eduardo Chapero-Jackson, Javier Quintas, David Victori y Albert Pintó) gustan mucho de planos trepidantes, tensos y de gran fuerza visual que se cuestionan debido a esa mirada masculina. Podemos poner un ejemplo:

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Planos similares de sumisión a base de pistola hemos visto miles. Hasta aburrir. Pero la interpretación cambia por completo ya no solo porque sea un hombre (Moisés) quien somete a una mujer (Wendy) sino porque, además, el guion juega con la compulsión sexual. Con lo fálico. Es una escena incómoda y que, en gran parte, da justificación a los detractores de la serie.

Este es uno de los ejemplos de escenas y diálogos de esta ficción que en un género de acción no son nada del otro mundo pero que resultan desafortunadas (como poco) debido a las características de la historia y sus protagonistas.

‘Sky Rojo’ juega con lo excesivo, y a veces cruza rayas que no debería en lo burdo que es. Pero en todo momento pone claro el retrato de los dos bandos del conflicto. Los proxenetas de Las novias son unos psicópatas peligrosos que creen que estas mujeres son de su propiedad. Estas mujeres son esclavas que llegaron engañadas y han visto su oportunidad de una huida. Hay, también, cierto síndrome de Estocolmo (y otras cuestiones) en el ambiente que hace que esta fuga sea casi más desoladora en el nivel psicológico que físico.

La ficción, a examen

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Estos elementos están ahí, pero estamos en una época en la que hay que tener mucho cuidado con cómo se representa y, sobre todo, aclarar que una serie de ficción es ficción. Nuestros compañeros de Sensacine hablaron con Mabel Lozano, periodista experta en trata y autora de la ganadora de un Goya ‘Biografía del cadáver de una mujer’:

“Es un cómic, una ficción con dosis de testosterona elevadas a la enésima potencia, y cualquier parecido con la realidad de la trata es anecdótica. Tiene muy poco de real y puede confundir a la gente (…) Me aterra que la gente que no tiene ni idea de qué va esto, que es la mayoría de los chavales que verán la serie, piensen que es la realidad que hay detrás de la prostitución y la trata”

La verdad es que desde el minuto uno queda claro que ‘Sky rojo’ no es un ejercicio de serie social. No es, ni le interesar ser, ese tipo de serie. ¿Se necesitan ficciones que denuncien claramente la trata de mujeres? Evidentemente que sí y hay series que tratan con más o menos tino estas cuestiones de explotación sexual de la mujer (‘The Deuce‘, por ejempo). Pero esta no lo es ni pretende ser más que un explosivo entretenimiento. Nos guste o no.



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