Para muchas personas, incluido un servidor, la relación de aspecto vertical aplicada a la narrativa audiovisual continúa generando un rechazo que invita a armarse con un broche —o un punzón, o lo que haya a mano— e imitar al bueno de Edipo. Pero, por suerte o por desgracia para nosotros, el 9:16 continúa opositando con insistencia para abrirse un hueco en la industria mediante propuestas de todo tipo.

La plataforma de streaming Quibi, ideada con los dispositivos móviles en mente, ha sido una de las firmes defensoras de la verticalidad con un proyecto repleto de aciertos en cuanto a guión y dirección, pero lastrada por una aproximación nefasta al aspect-ratio en lo que respecta a técnica y planificación. Una tremenda decepción que Apple pretende que olvidemos con ‘The Stunt Double’; un cortometraje dirigido por Damien Chazelle con un iPhone 11 y catalogado como «Vertical Cinema».

En sus escuetos nueve minutos de duración, ‘The Stunt Double’, a medio camino entre el corto y una nueva pirueta publicitaria de la compañía de Cupertino, el director de ‘La La Land’ articula un encantador repaso a algunos momentos clave de la historia del cine dando un giro —literal— de 90º de la mano de un especialista de escenas de riesgo. Pero, como imaginaréis, no estamos aquí para hablar de su trama ni de su carga dramática, sino para intentar responder a la gran pregunta: ¿Ha funcionado esta vez el formato vertical?

Pensado en vertical, rodado en vertical

Si comparamos el experimento de Chazelle con cualquier producción marca de la casa Quibi, la respuesta es claramente un sí —aunque con algunas concesiones que comentaré más adelante—. Esto se debe principalmente a que ‘The Stunt Double’ está ideado y rodado con la relación de aspecto de 9:16 en mente desde el primer momento, y no se limita a adaptar una imagen panorámica, destruyéndola con recortes y reescalados.

La inmensa mayoría de situaciones que vemos en el cortometraje destacan por una verticalidad que encaja a la perfección con la premisa del rodaje. Saltos al vacío desde rascacielos, bailes descendiendo por largas escaleras, huidas a pie bajo los disparos de una avioneta… la cinética todas estas escenas conduce la mirada del espectador de arriba a abajo mientras este lee el plano, dando una sensación orgánica y, por muy extraño que resulte, casi natural.

Además de esto, Chazelle, de la mano de un equipo de arte volcado con las necesidades del formato, aprovecha de forma modélica los sets y escenarios para reencuadrar empleando figuras rectangulares más anchas que altas, como puertas o pasillos. Si a esto le sumamos diversos juegos con términos en vertical y una cadencia que permite que nos acostumbremos a la nueva dirección de lectura, la experiencia se antoja sobradamente satisfactoria.

Las limitaciones del 9:16

No obstante —y aquí llegan las mencionadas concesiones—, muchos planos y encuadres de ‘The Stunt Double’ generan una sensación de rechazo casi inconsciente. De nuevo, tal y como ocurre con las series de Quibi, los tiros más cortos —del plano medio largo al primer plano— generan unos aires de lo más antiestéticos, los escorzos y planos conjuntos resultan asfixiantes al limitar el aire y mutilar a los personajes, y se minimiza notablemente la sensación de escala en unos planos enteros y generales que, casi contradictoriamente, son los que mejor se adaptan al aspect-ratio vertical.

Esto último se hace especialmente perceptible en la escena en la que se homenajea el Western; género asociado a los grandes formatos panorámicos y cuyo duelo en 9:16 se alza como lo más aberrante de la pieza. Puede que, después de todo, la gran pega frente a esta relación de aspecto sean los hábitos de un espectador acostumbrado a la horizontalidad y cuyos instintos a la hora de dirigir la mirada luchan contra una presentación para la que no están educados.

‘The Stunt Double’ es un claro ejemplo de que este tipo de producciones que optan por ir de arriba a abajo, y no de izquierda a derecha, pueden tener cabida y sentido siempre y cuando forma y fondo vayan cogidos estrechamente de la mano. Otra cosa es la idea que nos quieren vender en el making-of del cortometraje, en el que se afirma que puede hacerse una película con un simple teléfono móvil mientras vemos technocranes, dollys fisher, rigs monstruosos, y a un operador acoplando una lente Moment al iPhone 11 de marras. Esto es hacer un poquito de trampa, Apple…



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