‘Voces’ es el debut de Ángel Gómez, un cineasta que ha estado en la boca de los aficionados por el éxito de su corto ‘Behind’ (2016), que será convertido a largometraje por él mismo, bajo producción de Sam Raimi, y que le ha llevado también a rodar su debut en la pantalla grande en España con esta efectiva traslación del cine de terror sobrenatural de sustos de factoría James Wan al terreno ibérico, quizá no tan pulida como ‘Verónica’ (2017) pero con valor añadido de posible franquicia.

La idea de ‘Voces’ como producto es curiosa. Por una parte, recicla sin ninguna clase de pudor un buen puñado de películas de terror americano, ya sea reciente como la saga ‘Insidious’ (2010) —parapsicólogo con pareja muerta y asuntos pendientes—, ese padre de rodríguez con los fantasmas de ‘Sinister’ (2012) o uno más clásico como ‘Terror en Amityville’ (The Horror of Amityville, 1979) y sus moscas, que salen, por cierto, como las cucarachas de la grieta de ‘Babbadook’ (2014).

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Por otra parte, se planta ante estos ingredientes con un tono mucho más grave, más dramático y hasta cierto punto sobrio, lo que lleva irremediablemente a los expertos de este tipo de terror en castellano, que se adelantaron a James Wan y los suyos con títulos como ‘Los Sin Nombre‘ (1999), ‘El segundo nombre’ (2002), ‘Nos miran’ (2002), ‘La habitación del niño’ (2006) o ‘El orfanato’ (2007), todo un máster en lo paranormal y la demonología con denominación de origen y hasta con su propio lenguaje.

Los sustos baratos frente a las grandes sorpresas

Por ello, ‘Voces’ tiene un punto de reivindicación de lo nuestro y otro cazo de perversión de lo que ya estaba bien planteado. Lo que más choca del conjunto es la ruptura del tono pausado y atemporal con el que inicia cuando empieza el festival de sustos de volumen. Hay sustos y sustos, pero el golpe de montaje y la subida de la banda de sonido debe ser el más zafio. No se confundan, James Wan lo utiliza, y las dos entregas de ‘It’ abusan del mismo, pero preparan bien el momento, integran la banda sonora con esos exabruptos y trabajan también cada golpe en lo visual.

En ‘Voces’ llega a ser un vicio tan frustrante como cuando se utiliza en la inferior ‘Malasaña 32’ (2019), pero también en los peores spin-offs del universo Warren. La imposición o no de los estudios de estos jump scares tiene poca importancia, son caducos desde su origen y el exceso llega hasta multiplicarse en momentos clavados, como cuando suena un walkie talkie en medio del silencio, hasta dos veces con el mismo mecanismo. Y es una lástima, porque Gómez tiene otros momentos de planificación brillante donde solo juega con la profundidad de campo.

EL director planta presencias sombrías al fondo del plano, que no se sabe si son siluetas o reflejos, una táctica similar a la que utiliza ‘La maldición de Hill House’ (The Haunting of Hill House, 2019), que escondía sus fantasmas en los recovecos y muchas veces tan solo dejando manchas en el papel de la pared, captando sombras o mobiliario borroso al fondo para que cada plano tenga una sospecha inquietante. Es en ese mismo uso en el que ‘Voces’ equilibra su tendencia al golpe chirriante, precisamente con una muestra de dónde podría haber estado su maestría.

Sabor añejo a terrores patrios

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Hay planos que se abren a grandes generales que dejan ver más de lo que parece y, en general un gusto clasicista por lo gótico que alivia sus salidas al terror más barato. Pero afortunadamente, ‘Voces’ guarda muchas más sorpresas, como un argumento que, bajo el típico esquema de investigación paranormal explora una mitología propia que da lugar a muchos giros inesperados, vueltas sobre sí misma y un clímax inesperado, bien plantado y cerrado de forma muy elegante con el mismo plano de inicio dando una coda bastante redonda.

Este buen uso de sus propias reglas, que coincide con cierta película de éxito sorpresa de este año, se ve lastrado para ser algo más grande por culpa de algunos diálogos cliché que parecen sacados de una caja de guiones plantilla e indican una falta de cocción para dar con la clave de los personajes más allá de los estereotipos “madre afectada que siempre se va a casa de su madre”, “niño pera que oye voces”, “papá barbudo bricomanía”, con frases escogidas para ir haciendo la exposición necesaria en cada momento.

Pero, de nuevo, ‘Voces’ se sobrepone con ritmo y unas cuantas escenas de impacto, desde el tremendo prólogo, al árbol decorado, el momento “Damien” y otras revelaciones bien emplazadas que hacen la experiencia un vaivén bien planteado y que no tarda en ir al grano ni da vueltas innecesarias antes de llegar a los puntos clave de su planteamiento clásico. La película además va moviendo el foco del protagonismo desde un correcto Rodolfo Sancho al parapsicólogo interpretado por Ramón Barea y su hija, un entrañable híbrido de Tristanbraker y Jiménez del Oso.

‘Voces’ da ganas de secuela con Germán

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La presencia de Barea hace que el film gane enteros, no solo por la presencia de un gran, gran actor, sino porque trae con él un elemento ausente en el resto del film, y es el carácter castizo que le hacía falta, pese a ser una especie de sustituto de Lyn Shaye en la saga ‘Insidious’, como lo era Concha Velasco en ‘Malasaña 32’ —ojalá pudiera hacerse un crossover de ambos—, imprime el carácter entrañable del fantaterror y las muestras paranormales que inundaron nuestras pantallas ya en el siglo XX.

Hay un regusto a series como ‘Más allá’ (1976-1981), ‘Las crónicas del mal’ (1992), ‘Sabbath’ (1990) y los filmes de investigación sobrenatural de Sebastián D’arbó, que sacan nuestro lado ‘Cuarto milenio’, que siempre ha estado ahí, complementando el tratamiento de lo oscuro y lo fantástico, dando un toque cañí supersticioso que ya habla su propio lenguaje y nos lleva de vuelta al palacio de Linares o las cáras de Bélmez. Se pierden también oportunidades para expandir esa especia, como esa visita a la vieja del visillo que revela poca cosa.

Voces’ es honesta y no tiene ínfulas, tiene ganas de jugar con el espectador y toma muchas decisiones valientes e inusualmente oscuras. Pese a sus defectos, tiene un toque propio que hace querer ver más de ese investigador mayor y su hija, con una escena post-créditos llena de guiños a otros terrores hispanos e italianos que abre las puertas a nuestra propia franquicia de terror, algo que, viendo la pasión que muestran Gómez y su equipo, y lo tremendamente disfrutable del resultado, sería una noticia excelente.



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