Hace más de quince años, un joven cineasta nacional saltaba al largometraje con una película extraña, extrema y extraordinaria. Eugenio Mira logró lo que muy pocos cineastas logran: una verdadera película de culto nada fácil de encontrar en la actualidad. Y con el paso del tiempo, ‘The Birthday‘ cada vez luce más brillante.

Es mi fiesta y lloro si me da la gana

Ese culto es tal que ya no es que resulte realmente complicado encontrar una copia de la película que llevarse al reproductor, es que tampoco parece estar disponible por los métodos menos legales. Si además añadimos que apenas fue vista por 43.639 privilegiados espectadores en la salas de cine, podemos afirmar que estamos ante una de las grandes desconocidas de nuestro cine. De alguna manera, y salvando todas las distancias habidas y por haber, estamos hablando del ‘Arrebato’ de nuestra generación.

En su montaje original, el metraje de la película de Eugenio Mira alcanzaba los 117 minutos reales que abarca la alucinante peripecia de su protagonista, Norman Forrester (sensacional Corey Feldman), por los extraños pasillos del hotel que regenta la celebración del cumpleaños de su potencial suegro, un viejo hombre de éxito llamado Ron Fulton y a quien da vida el gran Jack Taylor, figura indispensable en el cine de Mira. Para su estreno definitivo (algunos tuvimos la suerte de ver ese montaje durante su presentación) la película se recortó en unos veinte minutos, rompiendo de algún modo esa sensación de «directo» que tenía en sus orígenes.

Crítica The Birthday

Pero en realidad nada de eso tiene importancia. Aunque el tiempo ha borrado esos minutos perdidos, su absoluta devoción al género fantástico, casi desde el slapstick más tradicional, hacen que la película no solo no se olvide, si no que mejora con el paso de los años. ‘The Birthday’ es un elemento tan importante como olvidado de nuestro cine. Y ya va siendo hora de que alguien se anime a recuperarlo.

El hotel de los líos

Con un precioso plano a oscuras, donde lo único que alumbra la pantalla es el ascensor del hotel, arranca esta odisea especializada en asombrar y chocar al espectador más curtido. Con el paso de los años, a través de la experiencia como devoradores de cine, la película de Mira pasa de ser «un episodio de Twilight Zone’ o un ejercicio a la David Lynch a madurar como el cajón de sastre más perfectamente ordenado que ha dado nuestro cine. Así, en un momento determinado y claramente marcado como punto de no retorno y giro definitivo, ‘The Birthday’ es otra cosa. Lo es todo.

Crítica The Birthday Corey Feldman

Mientras cineastas como Stuart Gordon, Brian Yuzna o José Luis Alemán apostaban por poner toda la carne en el asador desde el primer minuto, siempre tomando como punto de partida el universo Lovecraft y con ello entre ceja y ceja, otro tipo de realizaciones ha sabido nutrirse de su esencia para lograr una personalidad completamente diferente. Se me ocurre ahora el de Justin Benson y Aaron Moorhead o el del Eugenio Mira de este cumpleaños total.

Rodada completamente en los interiores creados por Daniel Izar de la Fuente y el indispensable diseñador de producción Javier Alvariño, ‘The Birthday’ lo apuesta todo al ritmo orgánico del que Mira dota a todos sus trabajos. Y es que su cine se encuentra en las antípodas de los cineastas modernos, más pendientes del corte en el montaje y poco dados a la secuencia larga, en constante movimiento, que el director empezaba a dar forma en su impresionante debut. Todo ello con la inestimable colaboración de Unax Mendia, uno de nuestros directores de fotografía más a tener en cuenta.

Feldman Birthday

Llena de hallazgos, tan adelantada a su tiempo como para seguir resultando moderna, fresca y rompedora, ‘The Birthday’ es una obligación para todo amante del fantástico con pedigrí. Ciencia ficción de la rara, de la que incomoda porque no se lleva, excesiva, cargante, casi molesta y con un final que da sentido a la ambientación sonora en el cine lleno de planos inolvidables a la altura del mejor género de hace 30 años. Y esto último sin proponérselo más allá, tal vez, de la participación de uno de los rostros que mejor definen los días más felices de nuestra vida. Un bicho raro que merece revisarse constantemente y que ha mutado en hermosa especie e peligro de extinción. Como su director.



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