La tercera temporada de ‘Élite’ ha sido el punto y final a una etapa para la serie de Netflix. Todavía no se ha anunciado oficialmente su renovación por una cuarta tanda de episodios –oficiosamente lo está por dos temporadas más-, pero todos damos por sentado que la serie seguirá adelante. Lo que también está en el aire es hasta qué punto se renovará el reparto, ya que podrían mantener perfectamente a algunos quedándose en Las Encinas o cambiar completamente de escenario.

Hay muchas incógnitas en el aire, pero ahora es el momento de repasar uno de los aspectos más fascinantes que nos ha dado ‘Élite’ hasta ahora. Me refiero a la pareja formada por Samuel (Itzan Escamilla) y Carla (Ester Expósito), uno de las mejores demostraciones de que Darío Madrona y Carlos Montero, creadores de la serie, no tienen problemas en saltar al vacío sin red para caer de pie.

Ojo con los spoilers de ‘Élite’ a partir de aquí.

Los macarrones mágicos

Macarrones

Lo más curioso de todo es que la relación entre Samuel y Carla no deja de surgir de una necesidad narrativa que surgió en la segunda temporada: ella era quien podía delatar a Polo y Samuel no duda en aprovecharse de ello para fingir su propia desaparición. El problema es que antes sus caminos tuvieron que cruzarse tras vivir sin apenas contacto en la primera temporada y ahí nos llegó un momentazo tan absurdo como efectivo con los macarrones recalentados.

‘Élite’ nunca ha destacado precisamente por su realismo pese a abordar ciertas problemáticas sociales y culturales. Eso es algo que uno tiene que aceptar o simplemente dejar la serie de lado, pero durante un tiempo consiguieron hacer ciertos equilibrismos por esa vía. Este fue el momento en el que ya terminé de asumir que ‘Élite’ era un cruce entre ciencia-ficción y suspense en el que entraba casi cualquier cosa.

Además, sus responsables no dudaron en regodearse en ello en varias ocasiones, tanto en el vídeo que tenéis más arriba como cuando Samuel intenta recuperar a Carla al principio de la tercera temporada. De esta forma, lo que inicialmente parecía una estupidez digna de alguien que no sabe por dónde le daba el aire se convierte en un arma de seducción legítima.

En ‘Élite’ hemos visto que casi cualquier cosa vale para formar una pareja pero no hay nada que haya llegado hasta las cotas de Samuel y Carla. Se suele decir que los polos opuestos se atraen, pero en esta ocasión simplemente no había nada que pudiera justificar que ella simplemente fuese a mantener una conversación con él en lugar de cortarle a las primeras de cambio y marcharse.

Un romance de ciencia-ficción

Repasemos si no a ambos personajes: Samuel es un joven que no lleva demasiado bien lo de parecer intenso que ha visto cómo incriminaban a su hermano por el asesinato de la chica que le gustaba. Es un pobre diablo que no necesita de nadie para que le coman la tostada y con unas capacidades limitadas para que no se le vean las intenciones nada más entrar por la puerta. Ah, y es pobre, un defecto importante en el universo ‘Élite’.

Por su parte, Carla representa en la serie poco menos que el cenit de la belleza pero además posee una mente aguda que le permite controlar la situación en casi cualquier momento. De familia muy adinerada, es además la heredera del marquesado de Caleruega. Con el tiempo vemos que no es todo un camino de rosas para ella, pero cuando Samuel se interesa por ella, primero de forma fingida para luego convertirse en algo real, es básicamente una diosa y él el último mono del colegio.

Cualquier intento de vender su relación como algo normal -o al menos lo que se podría entender como normal en el mundo de ‘Élite’- habría estado condenado al fracaso. Ojalá poder saber qué más opciones manejaron Madrona y Montero hasta que hicieron magia con el recurso de los macarrones y convirtieron lo que podría haber sido un agujero negro para la serie en puro oro televisivo.

El final feliz imposible

A partir de ahí, lo que parecía un imposible se convirtió en una necesidad y uno de los arcos de la tercera temporada fue que ambos personajes llegasen a esa conclusión. Samuel lo hizo rápido, porque a fin de cuentas estaba ya tan solo que no necesitaba meditar sobre nada más -luego llega la oferta de la policía para complicarlo todo y tenerlo entretenido con otros temas- y en la vida se le iba a volver a aparecer la virgen de esta forma en temas románticos.

En el caso de Carla fue más complicado y literalmente tuvo que tocar fondo en la vida hasta que no le quedó otra que asumir que su lugar estaba con Samu. Es curioso que su forma de salir de lo que parecía una relación tóxica con Samuel sea meterse en una que podría haber acabado con su vida de no estar por ahí Polo cuando se cae inconsciente a la piscina.

Y para rematarlo todo, ‘Élite’ nos niega un final feliz para ellos, ya que Carla se marcha a estudiar fuera, mientras Samuel se queda comiendo macarrones él solo y ni siquiera le manda un mensaje a ella para que sepa que ya la echa de menos. 

No sé si alguna vez llegaremos a verlo, pero tampoco está mal pensar que la separación es lo que necesitan para volver a encontrarse y ya esta vez sí, ser felices sin las múltiples taras del pasado. Claro que entonces ya dejarían de ser una pareja tan fascinante…





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